- Edad a la que va dirigido el cuento:
El cuento que veremos a continuación está adaptado para
niños de tercer ciclo de primaria.
- Adaptación:
Una familia muy pobre, muy pobre, vivía en un pueblecito en
el campo. Eran un matrimonio con una hija que salían adelante con lo que
cultivaban y podían vender en el mercado. Cierto día, la madre enfermó. En un
principio, tenía un simple catarro, pero como seguía trabajando y no descansaba
lo suficiente, la neumonía se apoderó de ella. Al poco tiempo murió porque en
el pueblo no había médicos y no tenían recursos para llevarla a la ciudad.
La hija de aquel matrimonio se llamaba Freya y tanto ella
como su padre quedaron desolados tras la muerte de la mujer. Un día, Freya tomó
una decisión, iría a la ciudad para ir a la universidad y aprender medicina.
Así, podría volver a su pueblo y procurar que otras personas no corrieran la
misma suerte que su madre.
- Padre, he decidido ir a la universidad para que este
pobre pueblo tenga un médico, volveré, no te preocupes- le dijo Freya a su
padre.
-Me sentiré muy orgulloso de ti, hija- dijo su padre.
Entonces Freya partió de la ciudad en la que había nacido y
crecido, con los pocos ahorros que había podido reunir la familia. Cuando llegó
a la ciudad, quedó deslumbrada por la belleza y majestuosidad de las
construcciones y por la variedad de productos y comida que se vendían en el mercado.
-¿Disculpe, cómo puedo llegar a la universidad?- preguntó
Freya a un mercader.
-Tiene que tomar el camino de la fuente, que es justo el
que está en frente de nosotros. Cuando llegue a la fuente gire a la derecha y
ya empezará a ver la edificación-.
Freya dio las gracias y emprendió el camino. En los
alrededores de la universidad, también había comercios y tabernas, aunque en
menor medida. La universidad se componía de dos edificios muy altos y
majestuosos. Freya entró y le recibió un señor con unas gafas muy grandes y de
mal humor -¿Qué quiere?- preguntó el hombre sin mirarla a los ojos.
-Vengo desde muy lejos porque quiero estudiar medicina-
dijo Freya.
-El precio de la matricula es: una moneda de oro, una de
plata y otra de bronce-.
En ese momento, todo se paralizó, ya no había movimientos
ni sonidos, porque de ese modo se sentía el corazón de Freya. Lo que tenía solo
llegaba para juntar una moneda de bronce. En ese momento su mundo se derrumbó.
Quería empezar cuanto antes a estudiar para poder volver pronto a su pueblo,
pero se dio cuenta de que iba a pasar años en aquella ciudad, porque cumpliría su meta por encima de todas las
cosas.
Freya volvió al centro de la ciudad y comenzó a recorrer
todas sus calles. Preguntaba en todos los establecimientos si necesitaban
ayudante, pero en todos decían que no. Pasó una semana durmiendo en la calle y
comiendo lo que conseguía. Pero al octavo día, entró en una taberna donde había
una señora sirviendo las mesas muy atareada. Freya le preguntó:
-¿Necesitas ayuda? Yo podría ayudarte y lo único que pido a
cambio es que me deje bañarme y me dé un
plato de comida-
La señora que estaba hasta arriba de trabajo y además, la
chica le había dado pena, le dijo:
-Ponte el mandil negro que está colgado al lado de la barra
y ponte en marcha-.
Freya se esforzó mucho en hacerlo todo bien, seguía las
ordenes de la señora al pie de la letra y descubrió que se le daba bien ese
trabajo. Al terminar la jornada, la señora la condujo al baño y le llevó una
muda de ropa. Freya dijo que no era necesario, que lavaría la suya y quedaría
como nueva, pero la señora insistió.
-Cuando termines estaré abajo esperándote para cenar- dijo
la señora.
Freya bajó al poco rato y se sentó en la mesa con la
señora.
-Mi nombre es Elena, ¿cómo es el tuyo?-
- Me llamo Freya –
- Has hecho un buen trabajo hoy Freya y la verdad es que
necesito a alguien que me ayude. Si estás de acuerdo, te contrataré y te pagaré
más que un baño y un plato de comida, además, puedes vivir conmigo-.
- Muchas gracias- dijo Freya – no se imagina cuanto se lo
agradezco-.
Con el pasar de los días Freya le contó a Elena porqué
estaba allí y para que quería conseguir dinero. Freya se sentía afortunada de
haber conocido a Elena, porque con ella se sentía como en casa. Aunque tenía
que trabajar mucho, al final del día cenaban juntas, conversaban y se reían. Se
sentían muy a gusto la una con la otra.
Freya guardaba su sueldo en un cajón y todas las noches
antes de irse a la cama contaba todo el dinero. No tenía prisa, total, ella
solo se había puesto una meta en su vida y era ser médico para volver a su
pueblo. Por eso antes o después, sabía que reuniría el dinero que necesitaba
para entrar en la universidad.
Pasaron los años y llegó el día en que Freya tenía el
dinero suficiente para pagar la matrícula de cada año y el alojamiento. La
despedida con Elena fue un tanto triste, porque ya se habían acostumbrado a
pasar el tiempo juntas y aunque Freya prometió que volvería de vez en cuando a
visitarla, ya no iba a ser igual.
Freya ingresó en la
universidad con mucha ilusión, no tenía ni idea de la pesadilla que le
esperaba.
La universidad estaba compuesta de dos grandes edificios.
En uno se alojaban las chicas y en el otro los chicos.
En su primer día de clase concentró toda su atención en
comprender lo que explicaba el maestro, por eso no se dio cuenta de que por lo
bajito todos se reían de ella. Al día siguiente, a la hora del descanso intentó
hacer amigos, pero todos le daban la espalda. Freya se dio cuenta de que un
chico de la clase llamado Adonis, controlaba a todo el grupo. Adonis era como
una especie de rey que ordenaba a todo el mundo lo que tenía que hacer y que se
burlaba de los demás cruelmente. Todos señalaban a Freya y se reían de su aspecto, porque a pesar de
que era una chica muy guapa, tenía una delgadez extrema, su pelo estaba mal
cuidado y su ropa era vieja y escasa. Freya siempre intentaba ser amable con la
esperanza de que alguien se hiciera su amigo o simplemente no se riera de ella,
pero todo era en vano. Lo pasaba muy mal y se iba corriendo y llorando a una
guarida que se había creado a orillas del río Crisálida, el cual pasaba por
detrás de la universidad. Allí lloraba y pensaba en su madre cuando un día, una
de las tantas mariposas que se paseaban por allí se posó en su hombro y le
pregunto al oído:
-¿Qué te ha pasado Freya?-
Freya se sobresaltó, dio un brinco y la mariposa se posó en
frente de ella.
-No te asustes, soy un alma, como todas las mariposas que
ves en los alrededores de este río. Cuando las personas mueren, su alma se
convierte en mariposa y yo soy el alma de tu madre-.
Freya quedó asombrada, pero estaba tranquila porque sentía
muy cerca a su madre.
-Lloro, porque a pesar de todo el esfuerzo que he hecho
para llegar hasta aquí, no soporto que mis compañeros se rían y se burlen de mí
todo el día-. Dijo Freya.
Y la mariposa dijo: - Te sentirás mejor cuando confíes en
ti misma y en la fuerza de tu corazón, solo así acabarán tus penas-.
En ese momento la mariposa salió volando y se confundió con
las miles y miles que había a su alrededor. Freya pasó toda la noche pensando
en lo que le había dicho la mariposa y se dio cuenta de que tenía razón, tenía
que ser fuerte y confiar en sí misma.
Al día siguiente, Freya se presentó en la clase con otra
actitud, se rieron de ella en el descanso, pero no hizo ni el más mínimo caso. Por
la noche, cuando volvió de cenar a su pequeña y modesta habitación, se encontró
con que alguien se había colado y había
roto los pocos libros que había podido adquirir. Cuando se dio la vuelta, vio
que Adonis y su séquito estaban en la puerta riéndose. Freya se llenó de rabia
y sin derramar ni una lágrima se plantó delante de Adonis mirándole desafiante
a los ojos y le dijo:
-Como vuelvas a molestarme, te arrepentirás de haber
nacido, ya no soy la misma de antes-.
Adonis se acobardó un poco, pero no quiso mostrar que así
había sido y entonces se fue riéndose de ella. Los demás chicos que estaban
presentes también se fueron, menos uno que se había quedado en la puerta.
-Has sido muy valiente enfrentando a Adonis- dijo el
muchacho.-Todos le tenemos mucho miedo, porque además de que es muy retorcido,
sus padres son una de las figuras más importantes y ricas de la ciudad. Si
alguien se queja de su comportamiento, el director no puede hacer nada porque
sus padres hacen grandes donaciones a la universidad y controlan a su antojo-.
-Entonces, si tanto le odias ¿Por qué siempre estás con
él?- preguntó Freya.
- Porque antes me hacían la vida imposible igual que a ti y
decidí ser igual que ellos para que no me molestaran, aunque si me has
observado, nunca participo en sus bromas, he aprendido a ser invisible en esos
momentos- respondió el chico.
Freya se dio cuenta de que el muchacho decía la verdad.
-¿Cómo te llamas?
- Abdiel. Ya me tengo que marchar. ¡Hasta mañana!-.
En la mañana siguiente cuando Freya iba caminando por los
pasillos, se encontró de frente con la pandilla de Adonis. Al pasar a su lado,
comenzaron a empujarla y a tirar lo poco que había podido recuperar de la
masacre de libros de la noche anterior. Abdiel, que se había quedado apartado
como siempre, no pudo aguantar más su enfado por la injusticia y se enfrentó a
todos:
-¡Déjenla en paz! ¡No le hagáis más daño! ¿Es que no veis
que ella no nos ha hecho nada y además es más valiente que todos nosotros?-
Adonis miró fijamente a Abdiel y le dijo:
-Te arrepentirás de haberte puesto de parte de esta
indeseable, te lo juro-.
Abdiel bajó la cabeza y se fue corriendo camino a clase. Por
la noche, Freya se presentó en la habitación de Abdiel, arriesgando su pellejo porque
estaba prohibida la entrada de las chicas al alojamiento de los chicos y
viceversa. Cuando Freya llamó a la puerta, Abdiel abrió rápidamente:
-¿Estás loca? ¿Qué haces aquí?-
-Tranquilo, no me ha visto nadie- dijo Freya – He venido a
darte las gracias por defenderme hoy en los pasillos y a decirte que aquí tienes
a una amiga-.
-Gracias- dijo Abdiel.
Entonces Freya se marchó.
Pasaron varias semanas e increíblemente Adonis no molestó
ni a Freya, ni a Abdiel. Había alguna que otra mirada recelosa y tropezones sin
inocencia al salir de clase, pero todo quedaba ahí.
Freya y Abdiel comenzaron a pasar la mayor parte del tiempo
juntos, quedaban para estudiar, para comer, paseaban por los alrededores y se
bañaban en el río. Se llevaban muy bien y empezaron a sentirse atraídos el uno
por el otro, pero los dos tenían miedo de dañar la amistad y la complicidad que
existía entre ellos.
Cierto día, Claudec, un chico de la clase que también
sufría las burlas de Adonis y los demás, le dijo a Freya y a Abdiel que si le
podían ayudar con una tarea que le había encomendado un maestro:
-Me ha dicho que busque ayuda para traer unos libros que
están en el almacén subterráneo de la universidad-.
Abdiel preguntó: -¿Donde están esos almacenes? Nunca he
oído a nadie hablar de ellos-.
-Es que solo van los profesores, pero el maestro Aurel
tiene mucho trabajo y me ha pedido que lo ayude-.
Freya y Abdiel aceptaron ayudar a Claudec, sin saber que
les esperaba una trampa.
Claudec les condujo al almacén mediante una especie de
laberintos. Llegaron a una puerta de hierro y Claudec indicó que era ahí.
Entraron los tres en la habitación y esta estaba oscura, entonces Claudec dijo:
-No os mováis de aquí, voy a dar las luces fuera-.
Al salir cerró la puerta con pestillos y se marchó. Freya y
Abdiel comenzaron a gritar y a suplicar que por favor les abriera la puerta,
pero Claudec ya no respondía. Golpearon la puerta hasta el cansancio, hasta el
punto de caer agotados en el suelo.
-¡Espera!- dijo Freya- ¿No crees que es Adonis quien está detrás de todo esto? A
Claudec no se le ocurriría hacer esto el solo-.
-Tienes razón- respondió abdiel.
Claudec que estaba harto de las burlas, había decidido
unirse al clan de Adonis y el precio de su entrada fue engañar a Freya y a
Abdiel para encerrarlos. Adonis había planeado muy bien todo, por eso les había
dejado en paz durante semanas, estaba preparando el golpe final.
Pasó una semana y los dos chicos todavía seguían
encerrados, sin agua ni comida, ni condiciones para pasar allí más de tres
días. Los maestros primero pensaron que habrían salido de la universidad a
divertirse y que ya volverían. Pero a los tres días comenzaron a preocuparse
porque se dieron cuenta de que la desaparición no era normal. El director
organizó patrullas para buscarlos y les preguntaron a todos los alumnos si
sabían algo, pero no conseguían ninguna pista.
Cuando había pasado ya una semana, el director estaba
recogiendo hiervas en el huerto medicinal que estaba apartado de los edificios
principales. Entonces, vio pasar a Adonis dirigiéndose a los antiguos
laberintos. Hacía más de cien años que los laberintos no se utilizaban. El que
estuvieran allí, se debía a que antes la universidad era una cárcel y cuando
reformaron los dos edificios principales, consideraron que ya no necesitaban
más espacio, entonces dejaron la parte de los laberintos como estaba. Adonis no
había ido a ver a Freya y a Abdiel para que no lo relacionaran con la
desaparición, pero tanta era su maldad, que sentía la necesidad de ver lo mal
que lo estaban pasando y recordarles que a él nadie podía desafiarle. Se
aseguró de que nadie le hubiera seguido y cuando llegó a la puerta detrás de la
cual estaban encerrados Freya y Abdiel dijo:
-¡Hola ratas de alcantarilla! Espero que estéis a gusto en
este cuchitril, porque este es vuestro lugar, el lugar de la escoria-.
-Por favor Adonis- pedía Abdiel –Déjanos salir, estamos muy
débiles-.
-Jajajajaja- reía Adonis – Aquí os pudriréis, nadie se ha
preocupado por vosotros y nadie vendrá aquí a buscaros-.
En ese momento salió el director de detrás de una columna:
-Ya he escuchado suficiente, como no me di cuenta de que
eras tú quien estaba detrás de todo esto-.
Adonis salió huyendo de allí y el director ayudó a los
chicos a llegar a la enfermería, dejándoles allí para que se recuperaran.
Inmediatamente fue a buscar a Adonis y reunió a todos los profesores para ver
lo que harían con él. Todos los profesores y el director habían pasado por alto
todas las impertinencias de Adonis debido a las cuantiosas sumas de dinero que
proporcionaban sus padres, pero esta vez se había pasado de la raya y ninguno
estaba dispuesto a tolerar algo así. Entonces, se dictó la sentencia: Adonis
fue expulsado públicamente de la universidad y su familia cayó en boca de toda
la ciudad, tanto fue así, que los negocios de su padre se vieron afectados en
gran medida, ya que nadie de bien quería tratar con un hombre que había educado
a un chico de semejante calaña. Finalmente, la familia de Adonis cayó en
desgracia, encontrándose totalmente en la ruina y en la calle.
Con la expulsión de Adonis de la universidad, todo marchaba
fenomenal. Los miembros de su clan se separaron y cada uno se ocupaba de lo
suyo sin molestar a los demás y hasta pidieron disculpas a Freya y Abdiel.
Claudec, que se sentía muy arrepentido, no sabía qué hacer para que le
perdonaran, pero ellos admitieron sus disculpas y terminaron siendo muy buenos
amigos.
Pasaron los años y llegó el día de la graduación. El padre
de Freya, pese a los esfuerzos que tuvo que hacer, pudo estar presente en esa
ocasión tan especial. Cuando terminara el día, Freya volvería a su pueblo con
su padre.
La celebración fue muy emocionante, se respiraba alegría y
también sentimientos de añoranza, ya que la mayoría de los alumnos nunca más se
volverían a ver. Cuando terminó la fiesta, Freya y Abdiel habían quedado a orillas del río en
la guarida a la que iba Freya cuando lloraba. Se felicitaron mutuamente y en
ese momento Abdiel se arrodilló delante de ella, sacó un anillo y le dijo:
-Llevo muchos años enamorado de ti esperando el momento
perfecto por miedo a perderte y sé que tú sientes lo mismo que yo. Si me
aceptas, me harías el hombre más feliz de la tierra-.
-No- respondió Freya – No puedo aceptar, yo me he prometí
que estudiaría medicina y volvería a mi pueblo para ser su médico y sería muy
egoísta por mi parte llevarte conmigo, por eso no puedo aceptar-.
- Yo iré contigo al fin del mundo si es necesario y más aún
si es para cumplir los sueños de la mujer que amo. Así abran dos médicos en tu
pueblo-.
Freya y Abdiel se casaron y construyeron su casa en el
pueblo de ella. Además de ayudar a muchas personas a curar sus enfermedades,
también enseñaron a jóvenes para que fueran futuros médicos.
Y fueron felices hasta el fin de sus días.
- Aspectos que he mantenido:
Esta adaptación mantiene que el personaje principal sale de
su núcleo familiar, en este caso por voluntad propia. También tiene que pasar
por una serie de pruebas y malos momentos que la obligan a enfrentarse a la
vida. Los roles de los personajes también se mantienen: Freya y Abdiel son los
buenos, Adonis y sus aliados son los oponentes y Elena y la mariposa son los
ayudantes. El final, es básicamente igual, porque los protagonistas acaban
juntos y felices.
- Aspectos que he quitado:
La madre de la protagonista no muere cuando ella era
pequeña, sino cuando ya era mayorcita. El incesto lo he descartado
completamente y en cambio aparece un padre comprensivo. Además, la dinámica de
las pruebas no es la misma.
Bueno... es verdad que el relato sigue el esquema general de los cuentos folclóricos (salida del hogar > pruebas de maduración > creación del nuevo núcleo familiar) pero, para que un cuento sea una adaptación de otro, debe respetar los aspectos fundamentales del original. En este caso serían los siguientes:
ResponderEliminar- Pérdida de un familiar
- Deseo de otro familiar imposible de cumplir
- Solicitud de regalos o de pruebas para retrasar el cumplimiento del deseo
- Los regalos o las pruebas se hacen realidad
- Huida del hogar para evitar cumplir el deseo imposible llevando consigo los regalos y otros recuerdos familiares de la infancia
- Ocultación, automantenimiento y pérdida del estatus social original
- Llegada a un nuevo lugar donde vivir con otro nombre y posición
- Aprendizaje y desarrollo de nuevas tareas no realizadas antes
- Enamoramiento de una persona o de un lugar o de una profesión...
- Uso de los objetos sacados del hogar
- Final con vuelta al estatus y al nombre originales
Como verás, hay muchos de estos elementos que no has usado... pero estoy segura de que puedes cambiar algunas cositas de tu cuento para que sea verdaderamente una adaptación de Toda clase de pieles. :)